Thursday, December 2, 2010

Yo

Yo

Ahora que no estoy te lo contaré todo.

Yo era feliz cuando corría desnudo por la orilla, la cola colgando, la lengua de trapo.

Yo leía los dibujos de los libros con los ojos desorbitados.

Yo tiraba de la falda de mi abuela.

Yo reía cuando veía a mi abuelo sonreír.

Yo temblaba cuando te besé por primera vez.

Yo aprendí que quererte no era fácil y que querer dolía y cegaba a partes iguales.

Te diré que no te echo de menos a todas horas.

Te diré que el vino ya no corre de mi cuenta.

Te diré que yo no era el que tú llamabas a gritos en la cama.

Te diré que yo nunca fui el que tú llamabas a gritos en la cama.

Y sin embargo te quise.

Por tus medias rasgadas y tus hombros hundidos.

Por tu manía de conjuntar la ropa con el tono de los días.

Por colocar las tazas del revés sobre el fregadero.

Por ordenar cronológicamente los vinilos de antaño y los antaños en álbumes.

Era feliz cuando mis labios conservaban tu olor de por las mañanas, a recién dormida.

Cuando fumabas desnuda sobre la encimera un cigarro con dos dedos.

Te quise por el simple hecho de existir.

Ha llovido mucho y el agua, constante y rotunda se lo lleva todo despacio y sin hacer ruido.

Por eso quiero contarte cómo era entonces mi mundo.

Mi mundo de las fotografías en papel, de las cartas a mano y los primeros walkman.

Para que no se olvide. Para que nunca se olvide. Para que se sepa de dónde vinimos, dónde comenzamos a vivir de verdad. Si acaso toda mi vida es un comienzo, que se sepa que alguna vez viví siendo consciente de la vida y no de la muerte ¿Lo entiendes? Y si debo añadir algo para que lo comprendas,

di que viví.

VLM

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Thursday, November 18, 2010

Nadie

Toda una vida para darte lo que quiero. Y sin embargo te vas, te has ido, te fuiste. Bueno, el tiempo pasa. Ahora es distinto y el cigarro se ahoga en el cenicero y el té se enfría en la taza.

Hace un minuto esa nube no estaba ahí y tampoco esa mancha en la camisa, pero debo adaptarme. Y mi hermana me mete prisa y el té sigue caliente. Nos llevamos unos, varios, muchos años todavía, y es ella quién me los quita cuando sonríe de esa forma tan suya, tan torcida e inocente. Sí, lo sé, son dos conceptos difíciles de mezclar, pero la inocencia siempre se tuerce. Tarde o temprano.

Otra vez el tiempo que no cesa, que no espera.

¿El tiempo envejece o madura?

No sé nada.

Y tú lo sabes todo, hasta que yo no sé.

Gira, cuchara, gira, aspira niño el humo de mi cigarro, algún día morirás igual que yo, y ella no me habrá dado tiempo para nada.

En Sarajevo ya no se caen los tejados por las bombas, pero ella me contó que cuando paseas por sus calles te duelen sus tejas, tan retorcidas de no saber a quién pertenecen. Y es que el tiempo sigue oxidando el hierro en las metrallas de Sarajevo.

Como lo hace aquí.

Como lo hace en todas partes.

Ahora tomo el té sin azúcar y es tu culpa, por haberme embestido con tu comida saludable y pausada los domingos por la tarde. Vocifero a la televisión por tanta patraña y pulso el botón del mando tan fuerte como si así pudiera matarla. Yo solo quiero mi té y mi cigarro de las mañanas.

El bourbon de ayer se ha colado en mi cabeza y mis tripas se quejan. Y la insatisfacción de no poder amarte ni escribiendo, me dilata el estómago. A mí, que me gustaba esconderme en los cafés con un libro en las manos, hoy ni libros ni anonimato en los bares, porque algo de mí se ha perdido en tus ojos y no quieres devolvérmelo. Desnúdame por dentro de la ropa y busca la pieza que falta. Lleva tu nombre escrita.

Mientras tanto te cuento que ayer no paraba de repetir una y otra vez al teléfono:

Just say love

Just say love

Just say…

Y Nadie contestó y me dijo que tú no estabas y que ahora yo era Nadie para ti.

Cómo duele ser Nadie.

Por eso me di al bourbon con fervor y parsimonia, sabiendo que tenía todas las noches para olvidarte.

Podría contar el paso del tiempo con las caladas de un cigarro, pero se quedaría corto. Podría hacerlo con los sorbos de té. Y aun sería corto. Podría repetir tu nombre, pero de nada valdría si tú no me escuchas. Así que a la mierda el tiempo y sus tejas oxidadas y tus comidas verdes y bajas en azúcar.

Solo quiero dormir tanto como la vida me deje y como mi hermana me permita. Y su agonía de tacones. Y su estruendo de pulseras. Tanto la quiero que la aborrezco a veces. Con consistencia.

Yo sólo pedía tiempo para amarte y que me dejaras mañana alisar las arrugas de tu rostro para encontrarte. Necesito todo el aire del mundo cuando me mareo. Y ahora necesito aire, pero solo tengo tiempo. Tiempo para entender que no me quieres y que tampoco lo harás mañana. Porque tú no estirarás mis arrugas para encontrarme.

Como haría yo.

Como se hace en todas partes.

Qué manera más tonta de desperdiciar el té.

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Friday, November 12, 2010

Poco Hombre Poco

El té se acabó

y su sabor amargo

prevalece

en la punta de mi lengua,

en lo oscuro de mi garganta

Mis pulmones

consumieron

todo el tabaco posible

y hoy me siento más pesado,

el aire más denso.

Te estuve esperando con los ojos rojos,

las manos impacientes y los pies fríos.

Dónde estabas,

no lo sé,

pero una lluvía fina

caló los huesos y el alma

de este poco hombre poco.

No pude alejarme de la pantalla

y lo mortecino de su luz

cegó mi ilusión y quebró mi sueño.

Es difícil

dormir,

vivir,

amar sin tí.

Es duro no verterme junto a ti

y no estás

en el reflejo del espejo,

en esa foto,

junto a mi almohada,

desnudo de todo,

vacio de todo.

Qué quieres que te diga

si la costumbre de tus manos

ya no acaricia mi cuerpo.

No estoy para nadie,

ni el cielo

ni el té

ni el tabaco

están para mí tampoco.

Te busco en mis recuerdos

y tu rostro y tus manos y el cielo en tus ojos

se difuminan y no te veo.

Cuando mi voz de barro

emitió un desconche

supe

que era tarde para lamer

mis heridas y escapar

de todo, porque todo

lo mío eras tú

pero

tú no eras todo lo mío.

Y no pude olvidarte

y me repito

como un autómata

en un cuerpo de venas y sangre oxidada,

just say love.

Just say love

just say it

just love.

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Monday, November 8, 2010

Y si aun sigo vivo

I si aun sigo vivo,

Si mi vida es mía,

¿Qué debo hacer?

¿Tener todo lo que necesito,

lO Que veO?

Si aun sigo vivo

Que mi corazón huya del pulso aletargado y seguro de las tortugas.

I si aun sigo vivo,

Que se me dispare el pulso,

Eso es,

Y

que

corte

Y

que

vuele

Y

que

salte

Y

que

renuncie

A

Frenar

En

Seco.

Discuto,

Y si,

Y si,

Y si,

¡Ya esta bien!

aun seguiré vivo

Si mi vida es mía.

Recuerda que hoy soy libre de todo

Hoy soy,

Mañana ya se verá.

Mientras tanto sigo vivo,

Una mierda voy a parar ahora.

VICtor Nogales Pantoja

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Sunday, November 7, 2010

Luciente y reluciente

deslumbras mis ojos

cada vez que te miro.

Creces en mis manos

cuando respiras

y te descubres desnudo

al sol y sabes a sal

y a sangre y a espuma

y a potente juventud.

Descúbreme el mundo

y te lo daré todo.

siente  en mi aliento

tu aliento de vida

y tu latido airado

y embravecido.

No sé cómo fue

pero noté correr la sangre

de las heridas en tus manos

aun cuando no conocía

ni la existencia de tus brazos.

¿Es la vida eterna

si a tu lado existo,

enamorado del cielo en tus ojos,

del ardor en tus labios?

I´m easy, dijiste

con tu acento anglicano

y te tuve que besar

por miedo a perderte.

Pero, dime,

cuánto hace que tu saliva es la mía,

cuánto hace que acaricias

mis manos con tus manos,

acostumbradas a no existir

enraizadas en las tuyas.

Madrid no es Madrid sin ti,

ni la vida ni la muerte

existen al verterme

en tus pupilas.

Soy todo tuyo cuando no estás

y cuando lo estás ami lado.

¡Qué fugaz el tiempo ahora!

¡Qué lento entonces!

Are we faithfull to each others?

preguntaste,

of course,

contesté de inmediato.

Y no puede caber

otro sol en mi pecho

cuando tú

ya estás dentro,

calentando

y esforzándote en verter

todo tu ser

en este invierno de entrañas,

en las que la nieve

estaba condenada a ser

charco en mis manos.

No quiero, que no quiero

pisar donde no has pisado

ni que recorran mis pies

pueblos que no has conocido.

Y habitar es vivir

y yo habito entre tus párpados

y eres el brillo del sol

y el sol mismo en su ocaso.

Tu sabor prevalece tibio

al recordarlo en mis labios

y tu palidez enciende la noche

con más fuerza que los astros.

¿Qué eres acaso?

¿Acaso eres?

Existes y yo existo

si tu existes.

La alegría se desborda

en mi sonrisa

y se agudiza

con el sudor de tu espalda

¡Qué calidez acolchada

la de tus dedos en mi pecho!

Tacto sobre tacto

Y mi tacto dentro y fuera de tu cuerpo.

Vivir sin ti no es vivir

y Madrid se despierta

más oscura

de cómo acostumbra.

El rumor de unos tacones lejanos

late en la penumbra

de sus calles y en sus calles

escribo un poema

en el reverso de una postal,

la postal en un sobre

y el sobre en mi regazo.

Y pienso en ti y en mí y en un país

que no es el nuestro.

Allí deambularemos

allí descubriremos

rincones y escondites

y canales y avenidas

y podré quererte más y más

a cada esquina que giremos.

Descúbreme el mundo,

por favor,

hazlo,

porque

Te quiero y Te quiero

y ni tan siquiera

me has besado lo suficiente

para saciar

mis labios de tus labios

extrañados.

VICtor Nogales Pantoja

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Thursday, November 12, 2009

Rèqüiém

Escuché en la noche

un lamento,

cubierto de escarcha

y embravecido,

como el sonar de un glaciar

quebrándose en mis oídos;

Y con la fuerza que provoca

en su ola matricida,

volví a sentir la herida

que ocultaba, evocadora,

el latir de mi derrota.

Prometo y admito

que luché contra el olvido,

que intenté curar la herida,

pero cada vez que lo intentaba,

más honda se retorcía,

orquestando mis aullidos.

Debía aceptar el hecho

de que te habías ido

por siempre de mi lado.

No te llevaste nada,

un caminar pesado,

un respirar profundo;

Habías huido

con el sabor amargo

del suicido en tu boca,

chocando,

irremediablemente,

contra las rocas

del mar embravecido,

impregnando sus escamas

en lo hueco de tu sino.

Fundiste en blanco

tus sentidos.

muerte,

inercia,

frío;

Se adaptó tu carne

al canon triste

de la belleza marchita

por el paso de las horas,

quizás estando a su vez

más hermoso que nunca,

pero nunca tan lejos como ahora.

Y ahí me quedé,

ensimismado,

contemplando el cuerpo,

consumado

en muerte,

pensando que alguna vez

formaste parte

de ese efecto inerte

y estancado,

esperando tal vez

que te alzases como Lázaro

y aliviaras los centímetros

que se alzaban,

como moles,

entre mi voz y tus labios.

Pero no lo hiciste

pues eso solo ocurría

en las historias fanáticas

de Lázaro y compañía.

Encogí la fuerza

de mis manos

sobre las tuyas,

recordando de pronto

que eran las armas

con las que

te habías suicidado.

Suspiré con fuerza,

esperando que en la otra vida

no creases,

por triste egolatría,

todo el daño que en ésta

habías causado.

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Wednesday, November 11, 2009

Sociedad continua

A ti, Sociedad,

que te has desbocado

en una estepa

llena de agujas.

Sigues avanzando

sobre el metal,

bajo tus pies,

cosiéndote

los huesos

a la piedra.

Te impulsas

con los brazos

y hundes

las agujas

en la carne

buscando

la agonía,

intentando,

en vano,

mitigar

el peso duro

de su llanto,

clavado

en tus tímpanos,

enraizado

en tus entrañas.

Alegoría

del niño destetado,

intruso

en un útero

mancillado de VIH,

de muerte a largo plazo

con IVA e IRPF

bajo el brazo.

Sociedad continua

de corriente alterna,

busca el cable

adecuado

que desconecte

las mentes

de sus envases.

- Robots de sangre,

orín y escombros

de alambre,

de jardín.

Huecos por dentro,

Iguales por fuera -

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Tuesday, November 10, 2009

Cansado de errar

Cansado de errar

Alguien dijo “todo”

y todo fue iluminado,

como un chasquido en la fragua,

rompiendo las esquinas de la lógica

con suburbios marginales

de eterna imperfección.

Fue allí donde nació

el hombre inocentado,

pervertido por los sueños

de lo inalcanzable,

desvirgado por la corrupción

de su propia alegoría.

Y al final del camino

sin retorno merecido,

el hombre envejeció,

volviendo a su esencia

árida y fría.

Nadie dijo “nada”

y la esencia se mantuvo

estable en su indiferencia.

“Nadie” narró su desgracia

en relatos de ficción

y todo fue un posible

que no llevó a nada,

pues “nada” era ficción.

El relato se mantuvo

indisoluble en su esencia de ser,

única, exclusivamente,

la puerta a nuevas fronteras

de la imaginación humana.

Victor Nogales Pantoja

14 de Sep de 2008, a las 18:36

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Monday, November 9, 2009

Ceniza

Ceniza

Crucé la calle recién nevada. Todo estaba oscuro, pero se apreciaba el contraste de las profundas pisadas sobre la nieve, que ocultaba el camino a mis pies. Pocas ventanas aparecían iluminadas a esas horas de la noche y su tenue luz no hacía más que acrecentar el carácter subjetivo del momento, por otro lado perfecto. Así lo habrías querido.

El aliento antiguo del mar reverberaba sobre los edificios, metálicos, geométricos.

Era un oleaje lento, un perfecto engranaje de latidos cadenciosos atados a la fuerza natural del mundo al que pertenecía.

Una barca, sujeta al muelle, emitía un sonido hueco cada vez que las olas chocaban contra sus maderos. Era una noche atípica, sin luna ni viento, tan solo una brisa helada. Me senté en un banco del paseo de cara a la playa y escuché.

Solo el mar, solo eso. Sujetaba sobre el pecho una pequeña urna de madera lacada.

Todo lo que habías sido en vida se encontraba dentro de ese objeto frío, convertido en cenizas. Te apoyé con cuidado sobre las tablas y acaricié tus bordes curvos y lisos. Ahora eras azul como la noche. No pude evitar sonreír al recordarte frente al mar con los pies sumergidos en la orilla. El cáncer pudo con tu cuerpo, no con tu alma.

Ahora habitabas dentro de mis axiomas, en cada uno de mis sístoles y diástoles.

- Nuestro último cigarro, compañero – Refugié el mechero entre mis manos y encendí el cigarro que colgaba de mis labios

- Eres un jodido capullo. Te echo tanto de menos -

Las volutas de humo se escondieron de la luz fundiéndose con la noche.

La nieve se oscureció al tacto de tu cuerpo polvoriento y en la orilla la espuma de las olas lamió tus entrañas hasta diluirlas en el aliento antiguo del mar.

Victor Nogales Pantoja

Lunes 9 de Noviembre de 2009

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Monday, January 26, 2009

Caramelo Para Carol

Caramelo para Carol

Carol estaba sentada frente a un gran helado de nata con nueces en la heladería que daba esquina justo con la Avenida de Don Fabricio y la Calle de Mar del Norte.

Miraba su copa de helado con fervor. Era una copa de cristal reluciente de la que goteaban de vez en cuando pequeñas gotitas blancas de su cima. Estaba llena hasta los topes del riquísimo y empalagoso helado más rico que nunca se había inventado, para opinión de Carol: Delicioso Helado de Nata con Nueces.

Con los brazos levantados, en una mano sujetaba una gran cuchara de plástico de esas de cafetería. Con la otra sujetaba la copa de cristal como sujetan sus porcelanas chinas las estiradas ancianitas de la alta sociedad.

Bueno, en realidad Carol no se llamaba Carol, sino Carolina Estefanía Sonia, el típico nombre que se le pone a alguien al que se le quiere arruinar la vida. Pero eso a Carol en estos momentos le daba igual pues nada podía estropear el momento.

Ella, la cuchara y el helado más grande que había visto en su vida.

Con una delicadeza de mama leona Carol metió la cuchara en la copa hasta hundirla por la mitad y luego hizo palanca. Quería que el helado se le saliera por las comisuras así que no le importó que un poco cayera en el plato, ya lo lamería luego cuando se derritiese. Giró la muñeca en un afán de que la bola enorme de helado le cupiera en la boca. La camarera no había visto nada igual y se había quedado pasmada mirándola a medio secar unos cubiertos. La pobre debía temer por Carol, pues sino a la primera, a la segunda cucharada como esa el cerebro se le congelaría y los ojos explotarían en minúsculos cubitos de hielo.

Cerró la boca, los ojos y degustó el helado muy despacio. Poco a poco fue tragándose el helado hasta que abrió mucho la boca y sopló un mechón que le colgaba por delante de las gafas. Acto seguido miró el helado dubitativa y con un dedo en la boca dijo a la camarera:

- Perdone señorita camarera, tendría usted la amabilidad de acercarme un bote de sirope de caramelo. Si no lo hubiera de caramelo que sea de chocolate. Muchas gracias-

Sonrió risueña y colocó las manos en las rodillas esperando a la amable camarera.

Ésta, que no salía de su asombro, acercó veloz y servicial el sirope de caramelo a Carol. La heladería estaba casi vacía y el hecho de que una niña acudiera sola tampoco extraño mucho a la camarera, pues era pleno verano y muy pocos eran los que se quedaban en la ciudad en esta época.

- Pequeña, come despacito que esta muy frío y te puede sentar mal y no te eches mucho sirope pues se comerá el sabor de la nata.

- Muchas gracias por el consejo. Entonces tan solo echaré unas cucharaditas.

- A propósito niña…

- Carol, llámame Carol por favor, camarera…ana lucía.- Titubeo al leer la chapita que llevaba sujeta al mandil la diligente mujer.

- Claro he, Carol, te preguntaba, no querría ser grosera, pero, ¿Cómo es que has venido tu solita hasta acá?, a la heladería, digo.

- Ha, no se preocupe, mi mama está comprando unas tiendas más allá – dijo señalando por la ventana – y llegará según acabe. Como tenía calor le pedí si me dejaba tomar un helado. Me dio unas monedas y buscando buscando encontré la heladería. Quería comprobar si los helados eran tan grandes como los que había en el cartel. Sabe, me encanta el helado.

Sonrió tan feliz que los ojos se le achinaron.

- Y, ¿Cómo va a saber tu mama en que heladería has entrado?

Carol, muy convencida, respondió:

- Mi mama vendrá hasta aquí, sabrá como encontrarme.

Como vio que no iba a hablar más y que sujetaba el alargado bote de sirope con determinación no insistió. Volvió tras la barra y siguió con los cubiertos.

Poco a poco y según la aguja del reloj iba rotando de número en número, Carol acabó el helado, arrebañó la copa, chupó la cuchara y lamió el plato, pero su madre no aparecía. Siguió sentada mirando la tele colgada en una esquina. Estaba en un canal de música latina y no hacían más que aparecer gente medio desnuda bailando salsa, cumbia y otros tipos de bailes calurosos. Miraba a la tele, sonreía a la camarera y volvía a mirar a la tele. Así durante unos largos minutos en los que tan sólo sonaba el canal de música.

Ya cuando la camarera creía tener que adoptar a la risueña niña por no dejarla tirada en la puerta de la heladería, una mujer pasó por delante del gran ventanal de la heladería llena de bolsas y acalorada. Una gran pamela rosa de telas vaporosas ondeaba como una bandera sobre la mujer que parecía tener metida una escoba por el trasero. Sus andares de mujer fatal se encajaban en un vestido veraniego de tonos pasteles y unos elevados tacones que tenían la pinta de costar el sueldo de la camarera de todo el verano.

Paso de largo sin tan siquiera fijarse y el sonido de los tacones al alejarse casi mudo se fundió en el paisaje urbano.

- No se preocupe volverá- Dijo de repente Carol a la estupefacta camarera.

No sabía que era más raro si los sucesos de esa tarde o haberse despertado toda pintada de verde en una cueva y con cola de merluza.

Unos minutos después el sonido de unos muchos, muchísimos caballos inundó la avenida de Don Fabricio, que hasta el momento había permanecido casi vacía y en silencio, y precedió a un gran coche descapotable de lujo, una preciosa antigualla restaurada.

El coche frenó de golpe frente a la heladería y una mujer con ademanes agitados saludó a la niña con la mano y sonrió detrás de unas gafas negras desproporcionadas.

Sólo entonces, después de estar toda la tarde sentada en el cómodo sillón de la heladería, Carol se levantó y dejó el dinero sobre la barra. Unas cuantas monedas y un papel de chocolatina.

- Quédese el cambió. Huy, perdón, eso es mío.- Y recogió el papel. Lo arrugó y lo tiró a la basura.- Muchas gracias por todo, ha sido usted muy amable por aguantarme durante toda la tarde. Si vuelvo a pasar por aquí no dudaré en hacerle una visita. A usted y al helado.

- Muchas gracias a ti, Carol. Ha sido un placer. Vuelve cuando quieras.

Y como vino, Carol desapareció por la puerta, se montó en el coche y se fue no sin antes echar una última mirada al letrero de la heladería.

El sol se puso en la Avenida de Don Fabricio una vez más y sus rayos veraniegos se reflejaron sobre la cristalera de la heladería que hacía esquina, donde, cuentan las malas lenguas, que una niña de tomar tanto helado se le congeló el cerebro y sus ojos estallaron en minúsculos cubitos de hielo.

Otros cuentan que la madre, si es que la había, nunca vino a por la niña y que ahora la niña es la camarera y es por su helado de nata con nueces y caramelo extra grande que la heladería se ha convertido en la más confluida de todas las de la ciudad, que digo, de todo el país, que digo de todo el mundo. Pero quizás ninguna de estas historias sea cierta o todas tengan un punto de verdad o quizás la historia en sí sea una patraña, pero como iba diciendo, esa es otra historia.

Víctor Nogales Pantoja

XXVI · I · ºg

Placebo – I know

http://www.youtube.com/watch?v=DZP4lbp9jBA

Lauryn Hill – I Gotta Find Peace of Mind

http://www.youtube.com/watch?v=EyOhUXsGqak

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